02Dic
¿Por qué “darse cuenta” no tiene fecha de caducidad?
Y por qué nadie tiene derecho a apurarte, juzgarte ni deslegitimarte.
Hay personas que creen que el tiempo es un juez.
Que si te diste cuenta “tarde”, entonces tu experiencia vale menos.
Que si no hablaste hace años, entonces “no fue para tanto”.
Que si recién ahora puedes nombrarlo, significa que estás exagerando.
Hay personas que creen que el tiempo es un juez.
Que si te diste cuenta “tarde”, entonces tu experiencia vale menos.
Que si no hablaste hace años, entonces “no fue para tanto”.
Que si recién ahora puedes nombrarlo, significa que estás exagerando.
Esas personas —las que no han vivido tu historia ni tus silencios— olvidan algo esencial:
La conciencia humana no obedece calendarios.
Darse cuenta no es un trámite.
No es un acta que se firma.
No es un reloj que suena cuando “ya toca”.
La conciencia humana no obedece calendarios.
Darse cuenta no es un trámite.
No es un acta que se firma.
No es un reloj que suena cuando “ya toca”.
Darse cuenta es un proceso profundo, lento, a veces doloroso, casi siempre solitario.
Es como desenterrar un fósil emocional con pincel, no con pala.
Es descubrir una grieta que siempre estuvo ahí, pero solo ahora tienes luz para verla.
O valentía para mirarla.
O calma para sostenerla.
O compañía para no huir.
Cuando alguien te pregunta:
“¿Por qué recién ahora?”,
lo que realmente está diciendo es:
“Me incomoda tu verdad porque rompe mi comodidad.”
Pero la verdad interna no es un contrato social.
La verdad interna es una semilla que germina cuando quiere, cuando puede, cuando por fin ya no te hace daño nacer.
Por eso es atemporal.
Porque tu cuerpo guarda memorias que recién entendemos décadas después.
Porque el alma procesa a un ritmo distinto al discurso lógico.
Porque el shock paraliza.
Porque la cultura calla.
Porque el miedo inmoviliza.
Porque la vergüenza —que nunca debió ser tuya— te selló la boca por años.
Porque sobreviviste, y sobrevivir es más urgente que entender.
Y cuando por fin comprendes algo, cuando una frase, un libro, un poema, un terapeuta ético, un gesto o una catástrofe emocional te enciende la lucidez…
no es tarde.
Es el momento perfecto.
Porque antes no se podía.
Y ahora sí.
Eso es dignidad.
Eso es autarquía emocional.
Eso es auto-arqueología:
excavar tu propia historia sin miedo a encontrar huesos,
porque sabes que cada hallazgo, por más duro que sea,
te devuelve un pedazo de ti.
Nadie tiene derecho a juzgarte por el tiempo que te tomó entender lo que viviste.
El tiempo del trauma es espiral, no línea recta.
El tiempo del despertar es íntimo, no negociable.
El tiempo de la voz es sagrado.
Es como desenterrar un fósil emocional con pincel, no con pala.
Es descubrir una grieta que siempre estuvo ahí, pero solo ahora tienes luz para verla.
O valentía para mirarla.
O calma para sostenerla.
O compañía para no huir.
Cuando alguien te pregunta:
“¿Por qué recién ahora?”,
lo que realmente está diciendo es:
“Me incomoda tu verdad porque rompe mi comodidad.”
Pero la verdad interna no es un contrato social.
La verdad interna es una semilla que germina cuando quiere, cuando puede, cuando por fin ya no te hace daño nacer.
Por eso es atemporal.
Porque tu cuerpo guarda memorias que recién entendemos décadas después.
Porque el alma procesa a un ritmo distinto al discurso lógico.
Porque el shock paraliza.
Porque la cultura calla.
Porque el miedo inmoviliza.
Porque la vergüenza —que nunca debió ser tuya— te selló la boca por años.
Porque sobreviviste, y sobrevivir es más urgente que entender.
Y cuando por fin comprendes algo, cuando una frase, un libro, un poema, un terapeuta ético, un gesto o una catástrofe emocional te enciende la lucidez…
no es tarde.
Es el momento perfecto.
Porque antes no se podía.
Y ahora sí.
Eso es dignidad.
Eso es autarquía emocional.
Eso es auto-arqueología:
excavar tu propia historia sin miedo a encontrar huesos,
porque sabes que cada hallazgo, por más duro que sea,
te devuelve un pedazo de ti.
Nadie tiene derecho a juzgarte por el tiempo que te tomó entender lo que viviste.
El tiempo del trauma es espiral, no línea recta.
El tiempo del despertar es íntimo, no negociable.
El tiempo de la voz es sagrado.
📚 Lectura recomendada para quien juzga sin comprender
“El cuerpo lleva la cuenta” – Bessel van der Kolk
Un libro que explica, con claridad profunda y evidencia científica,
por qué muchas personas tardan años —o décadas— en entender lo que vivieron,
y cómo el cuerpo guarda memoria incluso cuando la mente aún no puede nombrarla.
“El cuerpo lleva la cuenta” – Bessel van der Kolk
Un libro que explica, con claridad profunda y evidencia científica,
por qué muchas personas tardan años —o décadas— en entender lo que vivieron,
y cómo el cuerpo guarda memoria incluso cuando la mente aún no puede nombrarla.
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